Como frenar el despilfarro alimentario

Cuando tiramos comida, también estamos tirando los recursos que hemos destinado a su producción -suelo, agua, energía- y estamos contribuyendo de forma indirecta al incremento de emisiones de CO2 a la atmósfera.

En el mundo hay muchos países que son exportadores de alimentos mientras su población tiene serios problemas de malnutrición

En Europa se tira el 50% de los alimentos:

•89 millones de toneladas de comida
•Esto son 189 kg por persona y año.
•El 60% del despilfarro se podría evitar
•El 42% de este derroche se produce en el hogar
•Cada familia destina un 25% de su presupuesto a la comida

¿Por qué tiramos los alimentos?

Causas sociológicas

•Está mal visto apurar el plato
•Nos dejamos deslumbrar y compramos con la vista y no con la mente
•Llenar la nevera y el congelador (para imprevistos por ejemplo)

Causas de desconocimiento técnico

•Nos fiamos más de una fecha impresa que nuestros sentidos. (En muchos casos la fecha de caducidad no es la fecha real en la que el alimento deja de ser sano, si indica que ya ha caducado, abramos, observemos, olamos, y probemos una pizquita. Nuestros sentidos no nos engañan)
•No dominamos bien las diferentes técnicas de conservación
•No cocinamos con sobras

Prácticas comerciales

•Ofertas irresistibles. “Compra dos, te regalamos el tercero”
•Regalos asociados. “Si compras un kilo te regalamos x”. ¿Realmente vas a gastar ese kilo o vas a utilizar el regalo?
•Productos uniformes. Todas las frutas son del mismo tamaño en el supermercado. Las que son más grandes o más pequeñas se dehechan.
•Imagen impecable. Manzanas brillantes, sin piquitos, sin golpes por ejemplo

Prácticas de restauración

•Platos abundantes “para que no nos quedemos con hambre ”
•Restauradores que huyen de ofrecer platos “sospechosos de hacerse con sobras”

¿Por qué no deberíamos tirar alimentos?

Motivos ecológicos

1. Por ahorro de recursos. Dedicamos un gran esfuerzo a producir alimentos y embalajes
2. Reducción de residuos biodegradables en los depósitos controlados y plantas incineradoras
3. Disminuimos la emisión de gases implicados en el efecto invernadero
4. Transformando la materia orgánica en compost mejoramos los suelos

Motivos económicos

1. Dedicaríamos menos dinero a la compra de alimentos
2. Pagaríamos menos impuestos por el coste de tratamientode residuos
3. Tendríamos abono gratuito

Muy bien … pero ¿CÓMO?

Algunos consejos que nos da, sin ir más lejos, la Generalitat de Catalunya …

Planifiquemos las compras: pensemos antes los menús de las comidas
de la semana. Revisemos los ingredientes en la nevera y los armarios y, a continuación, escribimos una lista de la compra sólo para los extras que necesitamos.

Fijémonos en las fechas: si no hemos pensado consumir en breve un producto con una fecha de caducidad cercana, buscamos otro con una fecha más lejana o pensamos en comprarlo el día que la vamos a consumir. (Normalmente en los supermercados los productos que van a caducar antes se ponen delante y los que caducarán más tarde se ponen detrás, al fondo de la estantería)

Diferenciemos entre fecha de caducidad o de consumo preferente:

Fecha de caducidad es la fecha a partir de la cual el fabricante no asegura que el alimento esté en óptimas condiciones sanitarias. Fecha de consumo preferente indica la fecha a partir de la cual el alimento empieza a perder olor, sabor, textura… sin que eso signifique un riesgo para la salud.

“Ante la falta de educación del consumidor muchos fabricantes se cubren la espalda para no tener problemas legales y utilizan la fecha de caducidad cuando, realmente, deberían utilizar la fecha de consumo preferente”, añade la profesora titular del departamento de Tecnología de los Alimentos de la Universidad Pública de Navarra, Iosune Cantalejo Díez.

Tengamos en cuenta nuestro bolsillo: desaprovechar la comida significa derrochar el dinero.

Mantengamos la nevera segura: revisemos la estanqueidad de las puertas y la temperatura del refrigerador. Los alimentos deben conservarse entre 1 y 5 º C para la máxima frescura y longevidad.

Rotación: cuando compremos alimentos nuevos, coloquemos todos los productos más antiguos  en la parte delantera. Colocamos los alimentos nuevos en la parte posterior para reducir el riesgo de encontrar un alimento con moho en los compartimentos donde guardamos los alimentos.

Aprovechamos al máximo las sobras: en lugar de tirar las sobras a la basura, las podemos utilizar para las comidas del día siguiente, o congelarlas para otra ocasión. La fruta que está más madura se puede utilizar para hacer batidos o pastel de fruta. Con las verduras que están empezando a marchitarse se pueden hacer sopas.

Conservemos los alimentos de acuerdo con las instrucciones del envase (en

frío, lugar húmedo, lugar seco)

Servirnos cantidades pequeñas de comida con la condición de que todo el mundo puede repetir, una vez haya dejado el plato limpio

Convertir los residuos en alimento para las plantas: algunos residuos de alimentos son inevitables, por tanto, ¿por qué no crear un cubo de compostaje para las cáscaras de frutas y verduras? En pocos meses, obtendremos un abono rico y valioso para nuestras plantas. Si tenemos restos de comida cocinada, un compostador de cocina nos ayudará en el cometido.

Congelemos: si consumimos sólo una pequeña parte de la barra de pan, congelemos el resto ya cortado y sólo tendremos que sacar unas cuantas rodajas un par de horas antes de que las necesitemos. Del mismo modo, congelemos los alimentos que hayamos cocinado en porciones adecuadas para tener la comida a punto para las noches en que nos encontremos demasiado cansados para cocinar.

Comprar a productores locales y productos de temporada: Esto nos beneficia doblemente, por una parte al medio ambiente porque ahorramos el carburante necesario para el transporte de los alimentos. Y por otra beneficia nuestra salud, ya que los productos que crecen en un ámbito de 100 km son los que necesitamos por el tipo de clima en el que estamos, contienen además los minerales del suelo en el área que vivimos, y la naturaleza es muy sabia, nos da justo lo que necesitamos al alcance de la mano.

No comprar con el estómago vacío: Hará que compremos más de l acuenta

Comprar a granel: Consumirás menos envases y cogerás la cantidad justa que necesitas.

Referencias bibliográficas

Gruszowski
Tristam Stuart
Somos lo que sembramos. Som lo que sembrem
Intermon Oxfam
Generalitat de Catalunya http://www.gencat.cat/salut/acsa/html/ca/dir1349/doc34338.html
FAO http://www.fao.org/docrep/014/m b060e/mb060e00.pdf
Ada Parellada http://blogs.cuina.cat/semproniana/autora/

Fuente: Frederic Galimany http://sistemasmedioambientales.com/ En el taller gratuito “Aprovechemos las sobras de la comida” http://reparatmillorquenou.blogspot.com.es/search/label/Tallers

Aprovechar la vida útil de los alimentos

La profesora titular de la UPNA del departamento de Tecnología de Alimentos, Iosune Cantalejo Díez, habla sobre cómo aprovechar al máximo la vida útil de los alimentos.

¿Hay que tirar a la basura un alimento cuando ha pasado la fecha de caducidad?

Depende qué alimento sea y del peligro que entrañe. No todos los alimentos son iguales. Por ejemplo, en el caso de un yogur, si lo consumimos al día siguiente o varios días después de la fecha no nos va a causar un daño a la salud, pero notaremos que el yogur es más ácido. Así, llegaría un momento en que lo rechazaríamos fundamentalmente por el sabor.

¿En qué tipos de alimentos hay que ser especialmente escrupuloso a la hora de consumirlos antes de la fecha indicada?

Hay que ser exquisitos sobre todo en los alimentos crudos, como la carne y el pescado frescos. Ahí lo recomendable es ajustarse a la fecha y ser cuidadosos. En el caso de los huevos también hay que consumirlos antes. Y en las ensaladas de cuarta gama, las que se venden en bolsas, ya lavadas y listas para consumir. En general, en todos los que son muy perecederos.

¿Y en el resto de alimentos?

Hablamos de alimentos procesados. En la mayoría de estos alimentos (conservas, leche UHT, galletas, chocolate, la miel, azúcar, legumbres., encurtidos….) tomarlos unos días después no supone, en principio, mayor problema.

¿Qué plazo hay para comerlos una vez pasada la fecha de caducidad?

No hay una respuesta única. Depende del alimento, de cuánto tiempo ha pasado de la fecha. Cuanto más tiempo mayor pérdida de cualidades. Lo vamos detectar antes sensorialmente. Si se nota un olor, un sabor extraño… hay que tirarlo directamente. Mejor oler y ver antes que probar. El sentido común nos ayuda a decidir en cada caso.

Fuente: http://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/mas_navarra/fecha_caducidad_seguridad_despilfarro_47004_2061.html

Cinco gestos para combatir el hambre en el mundo

Moderar el despilfarro de comida y el consumo de carne, adquirir productos de comercio justo y de temporada y gastar menos energía al cocinar mejoraría el sistema alimentario mundial

Cinco gestos: desechar menos comida, comprar productos de comercio justo, adquirir frutas y verduras de temporada, moderar el consumo de carne y reducir el gasto de energía al cocinar. Son cinco modos de conseguir que, en conjunto, se limiten las emisiones de gases de efecto invernadero y el uso de energía. Con estas cinco prácticas, los ciudadanos ayudan a combatir el hambre, un fin que no es fácil ni se alcanza a corto plazo, pero que con el apoyo de un número suficiente de personas se lograría un empujón más para conseguirlo.

Mejorar los hábitos de consumo propios influye en el sistema alimentario mundial. Para concienciar sobre esto, Intermón Oxfam ha realizado el informe “Receta para cambiar el mundo: el poder de los consumidores para conseguir un futuro alimentario más justo“. En él se proponen “cinco acciones sencillas que cualquiera puede poner en práctica” para contribuir a combatir el hambre en el mundo. Entre los principales objetivos figura minimizar el uso de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero para una mejor conservación del planeta y de sus recursos naturales.

1. Menos despilfarro de comida

En el mundo hay alimentos suficientes para todas las personas, pero la mayoría llegan a una mínima parte de la población. Cada vez que se tire comida a la basura, restos de los alimentos consumidos todavía en buen estado, conviene pensar en lo que se conseguiría con esos alimentos en otra parte del mundo. Hay que ser conscientes de las cantidades que se sirven en cada plato para no derrochar comida y conocer la consecuencia de la elección de los alimentos.

Y es que se desperdician un tercio de los producidos para consumo humano, mientras que una de cada siete personas en el mundo se va a la cama con hambre. La comida que se despilfarra no se puede aprovechar en otros países, pero si se conserva, se puede consumir en otro momento. Esto no solo reduce el gasto familiar, sino también las emisiones de gases de efecto invernadero, al disminuirse la producción de alimentos. Se estima que se desperdicia alrededor de un tercio de los alimentos que se producen para comer, una práctica demasiado insostenible. “¿Y si nunca dejáramos que se estropeara una manzana?”, se pregunta Oxfam. “Una de cada seis manzanas termina en el cubo de la basura, es decir, 5.300 millones de manzanas cada año”, calcula.

2. Comprar productos de comercio justo

Los productos de comercio justo se cultivan en condiciones de trabajo dignas, a miles de kilómetros, pero se adquieren en el lugar donde se consumen. Aunque se transportan desde lejos, en condiciones más o menos sostenibles, comprarlos permite el mantenimiento económico de los campesinos productores, que sí apuestan por prácticas sostenibles de cultivo.

El 75% de las personas con menos recursos vive en zonas rurales. La producción agrícola en los países en desarrollo está en buena parte en sus manos, por lo que potenciar la compra desde el Norte ayuda a su subsistencia en el Sur. La agricultura es el único modo de vida que tienen, su única fuente de ingresos, y a menudo topa con barreras comerciales o culturales.

3. Moderar el consumo de carne

Destinar menos tierras al cultivo de alimentos para el ganado aumenta la superficie para el consumo humano

Consumir un poco menos. Esta es la máxima. Reducir la ingesta de carne y de lácteos supondría una merma en la emisión de gases de efecto invernadero. No hay que dejar de comer ambos alimentos, imprescindibles para obtener las vitaminas y nutrientes necesarios, sino que basta con proponerse no consumirlos un día a la semana. Intermón Oxfam lo explica del siguiente modo: la cría de animales para consumo genera más emisiones de gases de efecto invernadero e implica un mayor consumo de agua y una mayor superficie de tierras que el cultivo agrícola de alimentos. Esto supondría más suelo para plantar alimentos para más personas, en un nuevo intento por combatir el hambre.

La relación entre el ganado y la insostenibilidad se explica por los gases que produce (metano y óxido nitroso a través del sistema digestivo y del estiércol) y el consumo de agua (un 8% del uso mundial de agua para cultivar alimentos para las reses). Producir medio kilo de carne de vacuno requiere 6.810 litros de agua, frente a los 818 litros empleados para cultivar medio kilo de alubias. Si además se cambiara el medio kilo de carne de vacuno por alubias o lentejas, se ahorrarían unos 6.000 litros de agua en una comida para cuatro personas.

4. Reducir el gasto de energía al cocinar

Cocinar con menos energía no solo reduce la factura, sino también las emisiones. A ello contribuyen unas sencillas prácticas: emplear cazuelas planas al cocinar, usar siempre una tapa para aprovechar mejor el calor que se genera, emplear la menor cantidad de agua posible y bajar el fuego una vez que empiece a hervir. “Si todos los hogares urbanos de Brasil, India, Filipinas, España, Reino Unido y Estados Unidos llevaran a cabo estos pasos, podrían ahorrarse cada año más de 30 millones de megavatios/hora de energía”, destaca el estudio.

Los electrodomésticos de bajo consumo también ayudan a limitar el consumo de energía. Otro aspecto importante relacionado con estos aparatos es la conveniencia de desenchufarlos cuando no se utilicen, ya que a menudo consumen energía durante todo el día con el único fin “de hacer funcionar el reloj que llevan incorporado”.

5. Comprar alimentos de temporada

Los alimentos de temporada son más sostenibles. Se cultivan en la estación correspondiente, lo que implica que sean frutas y verduras más naturales, en cuyo cultivo se ahorra energía. Hay que conocer los productos de temporada de cada región para consumirlos en el momento adecuado. No hacerlo, señala Oxfam, significa a menudo que se desconoce o no se valoran los alimentos que se consumen de la misma forma que si se fuera consciente “del duro trabajo y del cuidado que se invirtieron en cultivarlos o producirlos”. Los ciudadanos tienen el poder de decisión, puesto que con sus compras determinan qué alimentos se consumen más en cada temporada.

Casi un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero de todo el mundo tienen su origen en la agricultura. Esto se une a los fertilizantes empleados en los cultivos, que degradan el medio ambiente, incluido el oxígeno de agua, al derramarse en los ríos.

Combatir juntos contra el hambre

¿Por qué seguir estas cinco pautas? Intermón Oxfam asegura que si “un número suficiente de personas” se comprometen con ellas, se podría contribuir a varias cosas. Los agricultores pobres y sus comunidades mejorarían sus posibilidades de alimentarse, se reducirían las consecuencias del cambio climático, “que frena la producción agrícola”, y se alcanzaría un mejor uso de recursos fundamentales para la agricultura, como el agua. “Juntos podemos lograr un cambio positivo en las vidas de aquellas personas que, en todo el mundo, luchan por alimentar a sus familias”, señala la portavoz de Intermón Oxfam, Raquel Checa.

Los cinco consejos conforman el Desafío CRECE, de Oxfam, que anima a quienes los sigan a contarlo en la página de Facebook de la campaña y en el site Soyactivista.org.

¿Hay compromiso por parte de los ciudadanos? En el informe se recogen las conclusiones de una encuesta realizada a más de 5.100 madres de tres países desarrollados y tres países en vías de desarrollo: España, Estados Unidos, Gran Bretaña, Filipinas, India y Brasil. Las preguntas se formularon a las mujeres porque “ellas controlan el 65% del gasto de consumo anual mundial, unos 12 billones de dólares”.

La división entre mujeres de países desarrollados y en desarrollo revela diferencias importantes, como la conexión con los productores de alimentos, menor en el caso de los países desarrollados, “menos conscientes del impacto que tienen sus elecciones en las vidas de otras personas”. La organización asegura que, de acuerdo a los resultados, “existe una oportunidad clara para aprovechar el inmenso poder de las personas como consumidores y, especialmente, el de las mujeres, quienes toman la mayor parte de las decisiones sobre qué alimentos comprar”.

Fuente: http://www.consumer.es/web/es/solidaridad/proyectos_y_campanas/2012/07/27/211487.php

Derroche alimentario o cuando los contenedores se convierten en delicatessen

Intermón Oxfam presenta la novedad de Alianza Editorial: “Despilfarro. El escándalo gobal de la comida”, de Tristam Stuart

Tristam Stuart se hizo “freegano” a los 16 años y desde entonces se alimenta de lo que los supermercados y otras tiendas arrojan a los contenedores. En “Despilfarro” (Alianza) denuncia “el escándalo global de la comida” y las miles de toneladas de alimentos que se desperdician en toda la cadena alimentaria.

EEUU, el país de las raciones XXL, está al frente de este triste ránking, ya que sus habitantes tiran la mitad de los alimentos que producen, aunque los países de la UE tampoco se quedan atrás porque desperdician un tercio de la comida, mientras que los japoneses, muy amantes del pescado y los alimentos frescos, arrojan cada año a la basura productos por valor de “11 trillones de yenes”.

En una entrevista con Efe, Tristam Stuart (Londres 1977), autor de ‘Despilfarro’, señala algo que, no por evidente es menos estremecedor: con toda esa comida que se pierde se podría alimentar varias veces a los más de 1.000 millones de personas que pasan hambre en todo el mundo.

La idea que defiende no es llevar los excedentes pasados de estos países ricos a territorios lejanos donde falta comida, sino ajustar al consumo una producción de alimentos que ha convertido el planeta en un enorme campo de cultivo con graves efectos ambientales.

Así, un 10 % de las emisiones de gas invernadero de los países desarrollados se produce en cultivos de alimentos que no acabarán en la mesa, una “frontera agrícola” que se expande a pasos agigantados, sobre todo en Latinoamérica, el sudeste asiático y África.

El derroche se produce en toda la cadena alimentaria, señala el investigador del Centro de Historia Medioambiental de la Universidad de Sussex y hay centenares de ejemplos: entre el 20 y el 40 % de las frutas y verduras europeas son rechazadas antes de llegar a las tiendas por “feas”, porque la UE impone un “canon cosmético” que además no garantiza su buen sabor.

Otro caso se da en el mar: entre el 40 y el 60 % de las capturas pesqueras en Europa se descarta antes de llegar a tierra por tamaño, especies inadecuadas o por cuotas comunitarias, es decir millones de toneladas de peces que se devuelven muertos al mar.

Por no hablar de la producción industrial. En una visita a una panificadora de su país, Stuart pudo comprobar que se tiraban la primera y la última rebanada de cada pan de molde, 13.000 rebanadas diarias, “¿son muchas tostadas, no?”

Arremete contra el uso irresponsable que se hace de las fechas de caducidad de los alimentos.

“Era un método para proteger al consumidor, para que no se vendiera comida en malas condiciones, pero se ha convertido en una táctica para evitar que a las compañías las demanden por alguna cosa. El problema es que la gente no entiende las diferentes etiquetas que hay; ven una fecha y piensan ¡uy, me voy a envenenar!, y lo tira, cuando es sólo una recomendación”, añade.

Stuart apunta que en Occidente se come demasiada carne. “Tengo un problema sobre cómo se está produciendo la carne en el mundo occidental”, remarca este investigador “no vegetariano” -recalca- que cría cerdos en su granja a los que alimenta con restos.

Fuente: http://www.sostenible.cat/sostenible/web/noticies/sos_noticies_web.php?cod_idioma=2&seccio=6&num_noticia=445634

Despilfarro de Tristram Stuart, Manual para una economía sostenible de Roberto Bermejo, Agua de Julian Caldecott, y la búsqueda de un planeta sostenible.

Tres libros excelentes.
El primero de ellos además necesario. Se trata de Despilfarro (Ed. Alianza), donde Tristram Stuart ya en la introducción nos deja claro:
“La montaña mundial de excedentes de comida representa un riesgo desde el punto de vista medioambiental, pero también ofrece una gran oportunidad. Hay una fantástica capacidad sin utilizar  en los recursos alimentarios del mundo, y con medidas eficientes se podrían generar enormes ahorros de alimentos que contribuyeran a luchar contra el hambre y asegurarán la comida para las generaciones futuras”.
La primera parte del libro, Posesiones perecederas, es una descripción demoledora de las consecuencias no solo medioambientales (el uso del suelo la más grave de ellas), si no de puro sentido común en nuestra forma de suministrarnos el alimento. Aquí aparecen desde los millones de toneladas de comida que se tira en el mundo a casos concretos por países y empresas. ¿Sabemos cuantas personas se podrían alimentar con el despilfarro medio de nuestra red de supermercados? Hay casos en los que fábricas de platos precocinados llegan a tirar el 56% de su producción total por sus excesos productivos o es habitual que las cadenas de supermercados exijan a sus productores que desechen una parte de su producción. La cuestión es simplemente desoladora: ¡Si se suma la comida despilfarrada por los consumidores y la industria alimentaria europea habría suficiente para satisfacer las necesidades de todas las personas que pasan hambre en el mundo entre tres y siete veces!
La segunda parte de Despilfarro es Cosechas dilapidadas, donde se analizan los excesos en la agricultura, pesca, producción de carne… Pasen y lean:
“El tipo más grave de despilfarro en la industria de la pesca marítima es el descarte en virtud del cual los peces no deseados, que son demasiado pequeños o de especies que no son el objetivo de la pesca son arrojados al mar. En muchas pesquerías se calcula que en el proceso mueren entre el 70 y el 80 por ciento de los peces”.
La tercera parte, Reducir: La comida es para comer, es la propuesta de Tristram Stuart para mitigar el problema. En ella se reclaman medidas de presión, transparencia, persecución del despilfarro (en Corea del Sur, como ejemplo positivo, es ilegal el depósito de residuo alimentario), reciclado, redistribución…, además de un repaso por cafeterías, consumidores, supermercados… en el plan de acción para frenar la dinámica enloquecida en la que hemos caído.
Por si fuera poco el libro goza de una impresionante bibliografía acompañada de infinitud de notas y anexos que contribuirán a convertirlo en un referente.
Manual para una economía sostenible de Roberto Bermejo (Ed. Catarata) es un libro de evidente contenido científico y académico, pero aun así el tono didáctico y sencillo con el que está escrito no plantea problemas al lector no especializado en este tipo de obra.
Parte su autor de la premisa siguiente:
“Esta civilización esta entrando en una crisis terminal debido al proceso de agotamiento de los principales recursos y, en especial, los energéticos; tal proceso supone una gran oportunidad de acelerar su transformación, evitando un colapso profundo; y la transformación solo será duradera si se inspira en el comportamiento de la naturaleza, es decir, si es biomimética.”
El rasgo principal de la economía de libre mercado es la mercantilización de la naturaleza. Por primera vez en la historia la tierra se ha convertido en un bien mercantil, y al no ser este un bien producido para la venta el sistema se hace inviable.
El libro está dividido en cinco partes que partiendo de la denuncia del sistema y posterior desmembramiento del mismo pasa a explicar cual sería la única alternativa posible, la economía sostenible y los instrumentos principales para construirla. Parte esencial de la propuesta es la construcción de una economía solar, y en este apartado se analizan en profundidad todos los procesos energéticos incluidas las consecuencias y previsiones relacionadas con el petróleo.
El autor sostiene que hay alternativas y las explica con evidente conocimiento y rigor. Terminará explicando el modelo de hiperconsumo y proponiendo políticas destinadas a su transformación en un consumo sostenible.
Se esté de acuerdo con Roberto Bermejo o no, este Manual para una economía sostenible es una demostración de cómo desde el rigor científico se puede defender que otros modelos son posibles y su debate es necesario. Las circunstancias que vivimos son una evidencia de la necesidad de alternativas. Este libro es un buen instrumento para profundizar en uno de ellos, el ecologismo de corte más solidario.
El tercero de los libros que traigo esta semana a El Polemista, es Agua, de Julian Caldecott (Ed. Libros del Lince). Aunque originariamente publicado en Inglaterra en 2007 esta editorial siempre comprometida ha decidido editarlo hace unos meses. Y con gran acierto, porque desde la procedencia del agua, su composición química, propiedades y comportamiento, hasta los análisis de regadíos, transporte, consumo… son desmenuzados con un torrente de datos y sin duda esta es la parte más estimable de la obra.
Desgraciadamente la mayoría de nosotros desconocemos la importancia y la forma en que la distribución del consumo acuífero incide en nuestras vidas y en nuestro desarrollo económico. Un tercio del agua dulce disponible lo utilizamos en usos domésticos o industriales, mientras que el resto lo destinamos a la agricultura. Y sin embargo del total del agua existente solo representa el 3% y no tiene forma de ser sustituido.
Es precisamente en la capacidad educativa de este libro en donde radica su mayor interés, porque es necesario hacer entender lo mal que tratamos al elemento que más necesitamos. Y si bien esta Agua nos propone soluciones (como en los libros anteriores algunas de ellas de difícil aplicación) nos sirve para asumir y comprender la necesidad de un cambio de rumbo en la explotación que realizamos del planeta.
“La mayoría de los problemas relacionados con el agua lo están también con decisiones que afectan a ecosistemas locales y al uso que en ellos se hace del agua. La crisis global está ahí, pero extiende sus raíces por decenas de miles de crisis locales causadas por millones de decisiones locales realizadas dentro de estructuras de poder locales, por personas que desean promover sus intereses en competencia con otros.”
En conclusión, la ecología ha dejado de ser un marco irrealizable e idealista donde no caben las propuestas claras y concretas. El ecologismo abandona su carácter utópico sesentayochesco para convertirse en una alternativa real y discutible que además de cuestionar nuestros modelos de vida nos da alternativas aunque en algunos casos la falta de realismo es palpable. Quizá muchas de ellas hoy son irrealizables pero es evidente que otras tantas son necesarias y merecen un espacio en nuestras lecturas, reflexiones y debates.

Algunas ideas para reciclar comida

“¡Otra vez han sobrado guisantes!” “¿Y qué hago ahora con todos estos restos de comida?”
La inexacta ciencia de calcular comida para un determinado número de personas suele dar como resultado que parte de los alimentos terminen en el cubo de la basura. Hoy, intentaremos daros algunas ideas sobre cómo reconvertir  las frutas que empiezan a ponerse malas, los restos de pescado y de carne en apetitosos platos nuevos. Toma nota de estas recetas porque pueden sacarte de más de un apuro.

Receta para convertir la merluza frita de la cena en un pescado en escabeche.
Se parte la cebolla en rodajas y se fríe en una cacerola grande. Cuando esté hecha se le añaden los ajos laminados, el pimiento verde, el tomate, la pimienta y las tres hojas de laurel. A continuación se deja enfriar un rato y se le echa el vinagre. A la vez se van pelando y partiendo a gajos las patatas y se doran un poco en una sartén.
Cuando el vinagre de la cacerola se haya evaporado un poco se agregan las patatas y el litro y medio de agua. Cogemos el pescado y lo añadimos dejándolo diez minutos para que terminen de hacerse las patatas y listo. Un plato rico e innovador a base de pescado reciclado.
*Esta receta puede hacerse con cualquier tipo de pescado.

Receta para convertir unas fresas en una rica mermelada casera.Se limpian las fresas a conciencia. Se ponen en una cazuela mediana junto con el zumo de limón y se deja a fuego suave mientras se va removiendo con una cuchara de madera.
Se pela la media manzana y se incorpora también a la cazuela (se utiliza de espesante, después se retira). Cada poco rato se remueve.
Alrededor de 15 minutos después las fresas estarán ya casi cocidas por lo que se añade el azúcar y se sigue removiendo prestando atención a que no se pegue al fondo y se deja cociendo sin tapa hasta que el caldo haya sido evaporado. Se retira la media manzana y se vierte la mermelada en los tarros estériles. Se tapan con fuerza y se dejan bocabajo hasta que estén totalmente fríos. Ya tenemos lista nuestra mermelada de fresa.

Receta para convertir las sobras de carne en unas berenjenas rellenas.

Se parten en dos las berenjenas (previamente lavadas) y con el cuchillo se hacen unos cortes dentro y se dejan remojo durante una hora. Transcurridos ese tiempo, se les pone sal y aceite, se tapan y se meten al microondas hasta que queden bastante blandas.
Se sacan y cuando se hayan enfriado se vacía el interior dejando a un lado la cáscara para posteriormente rellenarla.
En una sartén se fríe la cebolla picada, el ajo,  la carne de la berenjena que hemos vaciado, la carne que queremos aprovechar, un poco de tomate frito y una pizca de sal.
Después de un par de minutos se saca y con esa masa se rellenan las pieles de las berenjenas.
Mientras se va haciendo una bechamel para cubrir las berenjenas. Se le añade un poco de queso rallado por encima y se mete al horno a 250 grados hasta que se gratinen y las servimos.
Ya tenemos unas berenjenas riquísimas y listas para degustar.
*Esta receta también puede hacerse con cualquier tipo de carne, bien sean filetes, carne picada, pollo deshuesado…

Ya que resulta especialmente difícil cocinar la cantidad de comida exacta para cada comensal, incorporar a nuestro muestrario de recetas estos ricos platos hará que al menos podamos aprovechar esa comida que nos sobra y reciclarla en nuevos platos. Si queréis saber más sobre cómo recocinar sobras, “Hoycocinamamá” o ”PtitChef“ os darán más ideas de cómo hacerlo.

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